El Cañon del Antílope

El Cañon del Antílope. Arizona, Estados Unidos.

Existen lugares cuyos colores son tan llamativos y tienen un aspecto tan artificial que parecen haber sido pintados.
Uno de los lugares que más impresionan a quienes realizan un viaje por los parques nacionales de la costa oeste de Estados Unidos es el Cañon del Antílope.
Para visitar Antelope Canyon, debes ir a Page, pueblo situado en el límite entre el norte de Arizona y el sur de Utah, a unas tres horas al norte del Gran Cañón del Colorado.
Situado junto al área recreacional de Glen Canyon, y en concreto, a orillas de Lake Powell, el cañón se encuentra a una altitud de 1.200 metros, y sus sinuosas paredes entre las que penetra la luz pueden llegar alcanzar 40 metros de altura.
Tiene una longitud total de 400 metros. Las rocas, de lejos, parecen de cartón piedra. En las 4 estaciones del año, debido a la entrada de luz a través de las grietas de las rocas rojizas, las tonalidades cambian, como en un océano; incluso en un mismo día, la configuración de colores puede ser alterada en función del ángulo de visión en el que situemos la cámara, o nuestros ojos, dándole al lugar cierto aire de caleidoscopio natural.
Antelope Canyon se divide en dos zonas, el cañon superior y el cañón inferior. El más visitado y de mayor belleza es el cañon superior, y la excursión dura una hora y media.
Muy recomendable es tratar de hacer la visita al mediodía, sobre las 12 horas, pues es el momento en el que la luz entra más profundamente en el cañón, provocando las escenas de mayor belleza.
Forma parte de una reserva de indios navajos, la mayor tribu de indios norteamericanos.
El funcionamiento de éste espacio natural está gestionado por ellos. De hecho para recorrer Antelope Canyon es obligatorio contratar a un guía navajo, debido a los grandes peligros que esconden estas estrechas paredes, especialmente hay un gran riesgo de inundación si empezara a llover.
Los navajos consideran el Cañón del Antílope un lugar espiritual, para ellos es como adentrarse en una catedral, para estar un poco más cerca de sus dioses y en armonía con la madre naturaleza. En navajo recibe el nombre de Tsé Bighánílíní, significa literalmente “lugar donde corre el agua a través de las rocas”.
El cañón ha sido horadado por el paso de corrientes de agua durante miles de años en un proceso llamado epigénesis.

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