TAJ MAHAL

Uttar pradesh, India.

Aunque muchos lo consideran un templo, el Taj Mahal es un mausoleo que esconde una bella y trágica historia de amor entre un emperador y su esposa. Este majestuoso edificio fue construido en siglo XVII y se ubica en las cercanías de la ciudad de Agra, en el estado de Uttar Pradesh, en India y es sin duda una parada obligada para los miles de turistas que visitan este rincón de India. Pero adentrémonos en la historia de amor que envuelve este mágico lugar.
Muchos dicen que el Taj Mahal es poesía hecho arte y es que la leyenda cuenta que Mumtaz Mahal le pidió al emperador en su lecho de muerte 4 cosas, entre ellas que construyese su tumba y que la visitara cada año.
Antes de tener este nombre, la esposa del emperador era conocida como Arjumand, princesa hija del Primer Ministro de la Corte. Sha Jahan la conoció en un bazar y se dice que fue amor a primera vista, el príncipe Kurran quedó atónito por la belleza de la entonces princesa Arjumand y sin dirigir palabra alguna, le regaló un collar de diamantes que la princesa se estaba probando. Desde ese momento hasta que los enamorados contrajeron nupcias pasarían 5 años donde se cuenta que no pudieron ni verse ni hablar.
Una vez casados, la princesa Arjumand pasó a ser conocida como Mumtaz Mahal, “La elegida del palacio” y pasaron años de dicha y gloria para los enamorados, incluso cuando el padre del príncipe Kurran muere y éste es coronado como emperador y empieza a llamar Shah Jahan, “Rey del Mundo”. Cuatro años después de este acontecimiento vendría la tragedia…
Durante el parto de su decimocuarto hijo, Mumtaz Mahal, falleció. Su esposo sostenía su mano y escuchó con atención sus últimas peticiones en vida: que construyera su tumba, que se casara otra vez, que fuera bueno con sus hijos y que la visitara cada año en el aniversario de su muerte. 
Se dice que el emperador se sumió en una tristeza de tal magnitud que se encerró en sus aposentos durante ocho días, sin comer ni beber. Al noveno día, el emperador Shah Jahan salió y ordenó que se cumpliera el luto en todo el reino, prohibiendo incluso las sonrisas entre los súbditos. El emperador no salió del palacio hasta un año después, envejecido y con su cabellera y barbas blancas.
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